¿Para qué sirven los géneros cinematográficos?, en “Academia”

¿Para qué sirven los géneros cinematográficos?

¿Qué son los géneros cinematográficos y dónde se les encuentra? Un somero vistazo a lo que se ha dicho y dice sobre las entidades genéricas nos revela de inmediato que existen preguntas de compleja respuesta. La mayor parte de los críticos y teóricos que se han detenido en la explicación de los géneros convienen en idéntica queja: los géneros son conceptos que se resisten a la definición. Hasta tal punto es así, que la propia esencia explicativa de cada tipo genérico se ha hecho recaer sobre criterios extraordinariamente dispares. Aunque, eso sí, en cuanto miramos a nuestro alrededor comprobamos que desde luego los géneros están en todas partes.
De poco nos sirven ya, me temo, los lugares comunes. Aquello de que los géneros nacen, se desarrollan y mueren en el contexto del cine clásico norteamericano es un burdo tópico que no aguanta el primer meneo de un análisis serio. Y sospecho que la convicción de que en la cinematografía española ni hay ni ha habido géneros es otra de esas convicciones tan cómodas como estériles. El lugar común nos hace la vida más fácil, sin duda, pero esa vida es un tanto falsa.
Menos mal que en el panorama internacional quedan teóricos que, como Rick Altman, revuelven en el contenedor de las ideas fosilizadas. El profesor estadounidense, preso de una curiosidad encomiable, nos legó a comienzos del nuevo milenio una reflexión que reabría la puerta a la investigación genérica. Los géneros, decía, son entidades cuyo significado viene dado por su uso. Ni más ni menos. La pragmática es el camino para cualquier estudio riguroso porque el esencialismo es un guante que no se ajusta a criaturas tan caprichosas como los géneros cinematográficos.
Guiado por esa luz, concluí hace unos meses una investigación sobre el uso de los géneros en el cine español del periodo 1994-1999. Y, qué curioso, la realidad me zarandeó como una fiera que se resiste a cualquier atadura. De pronto alcancé una clamorosa conclusión: los géneros están en todas partes. Las películas españolas de la segunda mitad de los noventa están asediadas por la terminología genérica. Hasta entonces había creído esa idea tan popular de que la producción nacional de la década no tenía nada que ver con los géneros. Pero de pronto me vi completamente rodeado de dossieres, carteles, críticas y comentarios en los que productores, cineastas, actores y especialistas los utilizaban sin desmayo para clarificar el sentido de los filmes.
“Está muy bien”, pensé: “no existirán los géneros, pero qué bien nos vienen”. “Es más”, seguí dándole al magín, “¿hasta qué punto nos serán útiles estas entidades que no tienen nada que ver con nuestras películas”. Así fue como reuní un grupo de sesenta títulos representativos del período y como empecé a explorar la utilidad que distintas instancias encontraron en la terminología genérica cuando se acercaron a esas películas. Situé la lupa sobre los dossieres de prensa –o press books- y encima de más de doscientas críticas publicadas a propósito de las sesenta producciones. Pues bien, me detendré especialmente en la dimensión de los usos críticos que, dicho sea de paso, encontramos en las revistas Fotogramas, Dirigido y Reseña, así como en el libro de Benavent El cine español de los noventa.
El primer dato que obtuvimos no deja de ser llamativo: prácticamente el 74% de las críticas publicadas incluían alguna lectura genérica o asociación del filme de turno con algún tipo concreto. Resulta poco discutible, pues, que los especialistas encuentran en el género una herramienta muy útil a la hora de establecer un puente comunicativo con sus lectores. De este modo, y al realizar una interpretación de las cualidades artísticas y expresivas de las obras, los críticos participan sin duda en la gestación de expectativas genéricas. Y, complementariamente, contribuyen a la extrema viveza que dichas entidades siguen teniendo por encima de las funestas convicciones propagadas con tan escaso criterio.
Sin embargo, no es menos cierto que los usos son bien distintos según los casos. La inestabilidad ejerce un férreo reinado en el ámbito de las utilizaciones críticas. Hay textos que realizan alusiones de pasada y otros que sitúan el criterio genérico en el centro de la reflexión. El nivel de acuerdo es muy dispar según los géneros. Y los presupuestos teóricos también son extraordinariamente contrapuestos en función de cada categoría. En fin, un maravilloso lío: los críticos están de acuerdo en la utilidad del género pero se desvían por múltiples senderos cuando plantean sus convicciones.

Artículo publicado en Academia, Noticias del cine español, Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas de España, nº 107, Madrid, 2004 (pp. 14-15).

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