Monuments Men, de George Clooney

Fallida aventura bélica

Fallida aventura bélica

Título original: The Monuments Men
Producción: Columbia Pictures, Fox 2000 Pictures, Smokehouse Pictures, Studio Babelsberg (2014)
Dirección: George Clooney
Guión: George Clooney y Grant Heslov, basado en el libro “The Monuments Men: Allied heroes, nazi thieves and the treatest treasure hunt in History”, de Robert M. Edsel y Bret Witter.
Fotografía: Phedon Papamichael
Música: Alexandre Desplat
Montaje: Stephen Mirrione
Distribuidora: Hispano Foxfilm
Estreno: 21 Febrero 2014
Duración: 118 min.
Intérpretes: George Clooney (Frank Stokes), Matt Damon (James Granger), Bill Murray (Richard Campbell), John Goodman (Walter Garfield), Jean Dujardin (Jean Claude Clermont), Bob Balaban (Preston Savitz), Hugh Bonneville (Donald Feffries), Cate Blanchett (Claire Simone).
Título original: The monuments men
Producción: Columbia Pictures, Fox 2000 Pictures, Smokehouse Pictures, Studio Babelsberg (2014)
Dirección: George Clooney
Guión: George Clooney y Grant Heslov, basado en el libro “The Monuments Men: Allied heroes, nazi thieves and the treatest treasure hunt in History”, de Robert M. Edsel y Bret Witter.
Fotografía: Phedon Papamichael
Música: Alexandre Desplat
Montaje: Stephen Mirrione
Distribuidora: Hispano Foxfilm
Estreno: 21 Febrero 2014
Duración: 118 min.
Intérpretes: George Clooney (Frank Stokes), Matt Damon (James Granger), Bill Murray (Richard Campbell), John Goodman (Walter Garfield), Jean Dujardin (Jean Claude Clermont), Bob Balaban (Preston Savitz), Hugh Bonneville (Donald Feffries), Cate Blanchett (Claire Simone).

A mediados de los sesenta John Frankenheimer redondeó una maravillosa película sobre un tren que, en las postrimerías de la II Guerra Mundial, salía de París en dirección Berlín con un cargamento espectacular de obras de arte. Un oficial nazi, cultivado y fascinante, se llevaba el tesoro, compuesto principalmente por los alardes del impresionismo franceses. No lo tendría fácil el germano, pues un líder de la resistencia, atlético y nada instruido, recibía pronto la orden de evitar el expolio. El duelo final entre los dos, después de un metraje cargado de acción trepidante, resulta inolvidable por su densidad moral, buena prueba de que el ritmo vibrante y la profundidad del discurso en absoluto son elementos antagónicos. Por eso El tren es una obra maestra.
Y por eso mismo Monuments Men es un filme estéril y olvidable. La comparación entre la propuesta de George Clooney y la del infravalorado Frankenheimer es pertinente dado el parentesco de sus respectivas premisas. Existen, sin embargo, algunas diferencias: Clooney apuesta por un protagonismo coral en la parte de los rescatadores y desdibuja por completo el antagonismo en el otro lado. Las consecuencias son catastróficas, mucho más cuando la película está concebida como un divertimento ligero para un público sediento de lo que se entiende por “cine espectáculo”.
Unos ciudadanos estadounidenses, en general mayores y poco dotados para el escenario bélico, se adentran en territorio europeo cuando la II Guerra Mundial encara su final con el objeto de impedir el robo de obras de arte que llega por dos flancos: el nazi y el soviético. Los héroes llegan juntos, se separan, van y vienen, aparecen en sitios diversos, algunos mueren, otros enamoran a francesas sufrientes. Vuelven a juntarse, se mueven por aquí y por allá hasta que se reúnen con un destino por fin delimitado. Evidentemente, llegan hasta allí y ganan. Fin.
La trama, por llamarla de alguna manera, se echa a perder por una falta de consistencia atroz. La indefinición campa por sus anchas en un vaivén episódico y sujeto exclusivamente a las habilidades de unos actores tan simpáticos como el propio Clooney, Matt Damon, Bill Murray o John Goodman. Poca cosa, pues la inexistencia de un plan narrativo suficientemente armado convierte la representación en algo parecido a esos partidos de exhibición de viejas glorias balompédicas que se echan unas risas cuando ya están pasados de años y kilos: puede estar bien, pero eso no es fútbol.
De hecho, para que el relato avance se toman decisiones inverosímiles que abusan de la fe del espectador en más de una ocasión. Y éste seguramente la pierda pronto ante la ausencia de un rumbo que seguir. Puede, por otro lado, que recupere el interés en un par de escenas que recrean situaciones cómicas hechas a la medida del sarcasmo de los intérpretes. Pero es muy poca cosa.
La lujosa puesta en escena tampoco oculta la sosería de la realización, algo ciertamente extraño en un director –el propio Clooney– más bien proclive a la búsqueda de personalidades potentes para sus filmes, especialmente Confesiones de una mente peligrosa (2002) y Buenas noches y buena suerte (2005). En aquellas ocasiones dio, por cierto, con estéticas que abundaban en conflictos morales intensos que trataba con audacia. Sin embargo, Monuments Men destaca justo por lo contrario. De ahí que caricaturice tanto a los héroes como a los supuestos villanos, pues en realidad los segundos son esbozos tan ridículos como la bandera gigante con la que Clooney se da un homenaje patriótico en el desenlace.
Y ese gesto no es más que la grotesca firma que obliga a añorar a quien hace no mucho estrenaba Los idus de Marzo (2011). Pero tanta pobreza te empuja, sobre todo, a la estantería de la memoria cinéfila para rescatar de ella una obra tan sobresaliente como El tren.

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