Searching for Sugar Man, de Malik Bendjelloul

searchingLeyenda y emoción

Lo he escrito en alguna ocasión aunque con menos frecuencia de lo que me gustaría: ciertas películas te convierten en mejor persona. Suena ñoño, estúpido, exagerado. Puede que lo sea. Nadie cree ya en utopías artísticas, en sueños desgastados que algún día te convencieron del poder revolucionario o redentor del arte. Es la lógica de los tiempos, oscuros e implacables por prosaicos. Menos mal que nos quedan islas tan cálidas y confortables como Searching for Sugar Man.
Si no la has visto todavía, querido lector, abandona de inmediato estas líneas. Cualquier dato previo irá en contra de la sacudida emocional que te aguarda en las salas. Corre a la más cercana, pilla una entrada y confía en la recomendación. A poco despiertas que tengas las retinas, los oídos y las neuronas harás un viaje mágico y lleno de sensaciones agradables.
¿Cómo poner palabras aquí que se entreguen a la torpeza de interpretar las imágenes y sonidos que saltean el metraje? Uno podría ser funcional y encuadrarlo en el género documental, apelar al Oscar ganado dentro de la especialidad y remontarse a la historia de Rodriguez, el misterioso músico cuya semblanza recorre Searching for Sugar Man. Uno podría, digo, pero el reduccionismo sería atroz y la realidad profunda de la obra se estaría quedando a años luz del analista.
En realidad, el filme dirigido por Malik Bendjelloul forma parte de las mejores narraciones sobre eso que llamamos “leyenda”. En este caso se trata de una apenas conocida pero cuyo desvelamiento paulatino a partir de una intriga inicial va aflorando con exhuberante fuerza. El mito, el malditismo, la teoría del rumor y la belleza como rebeldía ante la gris realidad alimentan cada encuadre. La información se distribuye con una precisión que conduce al espectador desde una curiosidad puramente racional a la sensación de que cada detalle que se revela es absolutamente conmovedor.
Así, los travelling iniciales y descriptivos de una ciudad fantasma y terrible como Detroit se complementan después con los andares de ese músico que es el colmo de la humildad y que contagia un buen rollo en nada reñido con la disconformidad. El compromiso del ejemplo pequeño, el aplomo de quien se sabe provisional y la justicia poética luchada por unos secundarios memorables se dan la mano de forma gloriosa. Y te levantas de la butaca a regañadientes, mecido por, entre otros, los insistentes sones de un bajo eléctrico que preludia un concierto inolvidable que ya jamás te abandonará. I Wonder, canta Rodriguez. Que siga cantando. Por siempre jamás.

Un pensamiento en “Searching for Sugar Man, de Malik Bendjelloul

  1. Una vez escuché en el programa Días de Cine eso de “que el cine te hace mejor persona”, nunca lo había escuchado (no sé si raro, pero es así), en su momento me pareció exagerado, pero me hizo pensar. Y con el tiempo, he llegado a mi propia conclusión de que, es así, sin duda: porque el cine te hace reflexionar, abre tu mundo a otros mundo, y eso, cómo el viajar, siempre te hace ser mejor.
    Me encantó Serching for Sugar Man, me encanta ir al cine y disfrutar tanto. Eso es lo que espero cada vez que voy al cine, no sé si mucho o poco, pero disfrutar al fin y al cabo.

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