La parte de los ángeles, de Ken Loach

Ángeles con caras sucias

Si hay algo que caracteriza al veterano Ken Loach es la coherencia. Conciencia moral de la izquierda cinematográfica europea, el británico sigue concediendo rostro y voz a los que han jugado el gran partido de la vida en permanente fuera de juego. Los que no cuentan. Los que se meten en líos. Los que heredan la miseria material y ética. Los que luchan por romper la cadena y quieren cambiar el curso de su gris destino. Los que sufren porque siempre han sufrido.
En ocasiones, su cine se vuelve algo discursivo e incurre en lo panfletario o lo maniqueo. Es lo que tiene la dialéctica de contrarios, que a veces pierdes el sentido del matiz y pintas a brochazo limpio. Pero él sigue ahí, en las barricadas de sus filmes pequeños y realistas, últimamente –quizás– algo más tierno, con un punto de cariño o de esperanza.
A La parte de los ángeles le pasa lo que a la simpática Buscando a Eric: su debilidad estructural no impide que participes emocionalmente de las desventuras de su protagonista. En este caso se trata de un fullero que acumula faltas y que se excede con la coca. En el fondo es buen chico, pero Loach se recrea oportunamente en la visión que de él tiene una de sus víctimas, quien por se llevó una gratuita paliza que lo dejó tocado para siempre. Hay otro tipo, sin embargo, que no condena al agresor por su pasado. Un mentor solitario que le introduce en el mundo de la cata de whisky. Y él, un ángel caído y con cara sucia, aprovecha junto a otros tirados una ocasión que la vida les concede.
El viaje del grupo es gracioso por esa identificación con la estética del fracaso que siente cualquier sensibilidad un poco trabajada. La cámara de Loach los sigue con esa humildad tan marca de la casa, que concede el protagonismo a quienes se sitúan delante de la cámara y no a quien la maneja desde el otro lado. Los actores vuelven a hacer gala de una naturalidad que oculta sus limitaciones técnicas. Da un poco igual que desaparezcan por arte de magia varios de los conflictos importantes del líder de la expedición. Al final queda ese aroma angelical y embriagador de un chupito de cine sin ínfulas que te deja el cuerpo cálido.

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