Un plano general de unos hombres y mujeres que trabajan la tierra de una granja precaria. Otro de conjunto en el comedor, donde almuerzan los varones. De inmediato, la réplica de ellas. Todos, cada uno por su lado, comen en silencio. Reina un ambiente gris, hermético, gélido. Así arranca Martha Marcy May Marlen, con un punto desconcertante en su tono y una clara tendencia a la austeridad en su plasmación visual. Y Martha, la protagonista, escapa del lugar adentrándose en un bosque. Es la historia de una huida imposible.
La joven pretende liberarse de la cadenas psicológicas que la atan. El siniestro lugar es el centro de operaciones de una secta gobernada por un individuo inteligente, manipulador, implacable. Los demás le obedecen en sus pequeños rituales. La estrategia es sencilla: primero, cariño y seguridad. Después, entrega sexual y violencia. Pero la película está contada en un doble tiempo y lugar. Martha se refugia en casa de su hermana y de su cuñada. Y comienza el infierno por su incapacidad para adaptarse a la convivencia, abriendo además la puerta a la disolución del rutinario matrimonio.
El relato es una tragedia en toda regla. Con un montaje alterno y sucesivos flashbacks se enlazan los dos niveles narrativos para que el espectador encaje las piezas del laberíntico estado psicológico de la sufrida Martha. Lo mejor de la propuesta de Sean Durkin es que traza el mapa sin énfasis, con una desnudez en la puesta en escena que parece distanciar al espectador de los hechos narrados, lejos de los subrayados habituales de este tipo de argumentos. Al público le toca pensar, como en los filmes de Haneke y de otros autores europeos.
Ni cataratas de palabras dichas ni éxtasis en la banda sonora ni travellings enfatizadores. El planteamiento se inserta un territorio independiente y alternativo, adjetivos que ponen los pelos como escarpias aunque sirvan para entendernos y ahorrar líneas. Cuenta el proyecto con la aportación imprescindible de Elizabeth Olsen, una actriz en estado de gracia incluso en la desgraciada versión doblada. Solo la diferencia de interés entre lo que sucede en el reino sectario y en el de la familiaridad provoca una caída de la película en la descompensación, sin duda el punto más discutible de una obra muy interesante.
