WALL.E, de Andrew Stanton

Puro talento

WALL.E recoge chatarra en un paisaje terráqueo de aspecto apocalíptico. Es un robot encargado de empaquetar la basura, tarea ingenua y ya inútil, pues los seres humanos se han encargado de destrozar el planeta. WALL.E, el tierno y mecánico ser, pasa sus días en medio de una rutina desoladora, justo hasta que aparece una nave espacial de la que desciende Eva, de la que se enamora inmediatamente. A partir de ese momento, su conquista va pareja a una aventura de la que depende el regreso de los humanos a la Tierra.
Ese es, en plan escueto, el hilo argumental de esta absoluta maravilla con la que la factoría Pixar me ha devuelto la fe en el cine de animación. Avisados ya de casi todo y agotados muchos de los sofisticados recursos que otorgaban un perfume familiar a cada nuevo proyecto, los aficionados andábamos huérfanos de una exhibición de imaginación, radical y valiente, como la que se ofrece actualmente en las carteleras de medio mundo.
Para empezar, el planteamiento es de lo más audaz. Durante un largo tramo, la narración prescinde de toda línea de diálogo, en lo que constituye un pasaje brillante que obliga al espectador a retrotraerse a los tiempos primitivos del cine mudo y del humor físico. Andrew Stanton desarrolla así un relato futurista y de ciencia ficción que, a contrapelo de lo que suele imponer el género y su desfase contemporáneo, se ilumina en la pantalla con una inocencia brutal que mezcla a Buster Keaton con una parte sustancial de la nada ruidosa 2001: una odisea del espacio.
La mezcla es tan heterodoxa que su eficaz resolución sólo puede calificarse de prodigiosa. WALL.E invita a creer en la inteligencia humana que la propia película cuestiona con un poso distópico que añade carga de profundidad para satisfacer los paladares más elevados. En su vertiente ideológica, de hecho, huye de la ñoñería y de la simpleza y apuesta por un final abierto que sólo es feliz, plenamente, en la cuestión amorosa. Por otro lado, la factura visual con que se representa la devastación es hipnótica, pero, sobre todo, el invento rebosa talento gracias a la ternura de un protagonista que nos obliga a volver la mirada a los pioneros de la comedia cinematográfica. En suma, un alarde de genialidad.

3 pensamientos en “WALL.E, de Andrew Stanton

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